Oscars 2025.
Premiaciones para un país en estado de emergencia

Alejandro Varderi

La ceremonia de este año tuvo como telón de fondo los recientes incendios de Los Ángeles, que devastaron una gran parte del área urbana, destruyendo además las casas de algunos actores como Mel Gibson, Bryan Greenberg, Harvey Guillén y Miles Teller. De hecho Conan O’Brien, el presentador de la noche, enfatizó la necesidad de aunar esfuerzos en esta traumática época, donde la violencia de los fenómenos naturales y el autoritarismos presidencial han sacudido a la comunidad hollywoodense y al país. Haciendo referencia al éxito de “Anora” (con cuatro estatuillas incluyendo mejor película), en la que una trabajadora sexual de Brooklyn lucha contra sus suegros oligarcas de Moscú, O’Brien apuntó que “los estadounidenses están emocionados al ver a alguien enfrentándose finalmente a un ruso poderoso”.
Una de las sorpresas fue el Oscar como mejor actriz para Mickey Madison por “Anora”, una joven iniciándose en su carrera cinematográfica, cuando la favorita era la veterana Demi Moore (Golden Globe a la mejor actriz) por su poderosa y descarnada actuación en “The Substance” (nominada como mejor película y Oscar al mejor maquillaje y peluquería). Por su parte, Zoe Zaldaña (Oscar a la mejor actriz de reparto por “Emilia Pérez”, nominada como mejor película) puso en alto a la comunidad hispana, enfatizando su estatus como hija de inmigrantes, y que “el hecho de recibir el premio por un papel donde canto y hablo en español, haría que mi abuela, si estuviera aquí, se sintiera encantada”. Ello como una crítica velada a la nueva administración, por la persecución y deportación de inmigrantes, y por haber hecho ley el que el inglés sea la lengua oficial.

La elocuencia de los dramas y dislocaciones geopolíticas del conflicto Palestino-Israelí tuvo en “No Other Land” (Oscar al mejor documental), una importante toma de conciencia en el discurso de aceptación de dos de los cuatro directores, quienes hicieron un llamado para que el mundo “pare la atroz destrucción de Gaza y su población”, en una coyuntura donde el círculo presidencial ha presionado para transferir a los países fronterizos a la población palestina de Gaza, y la industria cinematográfica ha sido tildada de antisemitismo.
De la larga lista de películas nominadas, “Conclave”, dirigida por Edward Berger, resultó paradójica, en una momento cuando el Papa Francisco se encontraba gravemente enfermo. En el film, tras la inesperada muerte del Papa a causa de un paro cardíaco, el Decano del Colegio de Cardenales (Ralph Fiennes, nominado como mejor actor) llama a cónclave para elegir a su sucesor. Las componendas, celos, intrigas y chantajes para llegar al papado, mostró una dinámica que en nada difiere a la de centros de poder menos santos. Isabella Rossellini (nominada como mejor actriz de reparto), como la monja encargada de acomodar a los cardenales en sus habitaciones, observó el despliegue de alianzas y sutilmente expuso a uno de ellos quien se vio obligado a renunciar, al haber pagado a algunos cardenales para obtener votos a su favor. La llegada en el último minuto del arzobispo Vicent Benítez, cambiará el orden del tablero, pues su presencia irá imponiéndose naturalmente hasta ser elegido Papa, tras lo cual el Decano descubrirá que el anterior Papa iba a pagar por una operación para remover los órganos femeninos de Benítez, quien había nacido con los de ambos sexos. Al inquirir sobre ello, el nuevo Papa le confiesa que finalmente no se operó pues decidió ser “como Dios lo hizo”.

“Anora” de Sean Baker (Oscar a la mejor dirección) igualmente planteó un esquema fílmico similar trasladando la acción al barrio ruso de Brighton Beach en Brooklyn, donde Anora trabajaba como stripper en un club. Allí conoció al hijo de un oligarca ruso que le propuso matrimonio para huir del acoso familiar, desencadenándose el drama donde ella se verá involucrada, quedando a merced de los padres y sus socios. La disfuncionalidad familiar y lo tribal del comportamiento de los caracteres se ceba sobre la joven, sin el bagaje necesario para enfrentarlos, con lo cual acaba siendo utilizada y desechada por ellos, para volver al punto de partida donde no encontrará visos de un mejor futuro.
En la filmografía de este director, “Anora” sigue la línea de otras de sus producciones como “Tangerine” (2015) y “The Florida Project” (2017), donde se retrata igualmente la vida de personajes marginados por el sistema, ya sean trabajadores sexuales o inmigrantes. En sus palabras: “He realizado ocho largometrajes y siete de los ocho se podría decir que se centran en subculturas o comunidades marginadas. Me gusta verlos como personas que buscan el sueño americano, pero no pueden acceder fácilmente a él. Quizás sean inmigrantes indocumentados, o quizás tengan un medio de vida o un estilo de vida injustamente estigmatizado, y por eso deben encontrar otras formas de alcanzarlo”.
La luchas para alcanzar el sueño americano tuvieron en “The Brutalist”, dirigida por Brady Corbet (nominado como mejor director) su expresión más certera. Ello en el personaje de László Tóth (Adrien Brody, Oscar al mejor actor), un judío húngaro sobreviviente de los campos de concentración, quien emigró a los Estados Unidos buscando hacerse con ese sueño. Ambientada en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, la película cubrió varias décadas en la vida del protagonista, un arquitecto quien se establece en Filadelfia y encuentra numerosos obstáculos para desarrollar su carrera, cayendo en la depresión y la adicción, para luego empinarse por encima de tantas miserias y lograr el éxito profesional.

El uso de los grandes angulares, la cámara subjetiva, los planos inclinados y una banda sonora de amplias resonancias le dieron al film visos épicos, otorgándole el Oscar a la mejor fotografía y banda sonora original, y una mención a la mejor edición y al mejor diseño de producción. Guy Pearce (nominado como mejor actor de reparto) interpretando a un adinerado cliente, quien le comisiona las obras que lo harán famoso, sirvió de contrapartida y balanceó el errático comportamiento del arquitecto, producto en parte de los traumas sufridos durante la guerra, y del antisemitismo experimentado durante los años de postguerra y a lo largo de la década de los cincuenta. Una década donde el macartismo destruyó además, las carreras de cineastas, profesionales y empleados públicos por su asociación al comunismo o su pertenencia a los grupos marginados étnica y sexualmente.
Otras películas nominadas como “Wicket”, dirigida por Jon M. Chu y “A Complete Unknown”, de James Mangold, se volcaron hacia la música como protagonistas. El film de Chu (Oscar al mejor vestuario), adaptación del musical con el mismo nombre, llevó al espectador a un mundo de fantasía inspirado en “The Wizard of Oz” (1939), lo cual devolvió a la audiencia a un pasado donde otros peligros acechaban en vísperas de la Segunda Guerra Mundial. El film sin embargo, no se centró en los dramas por venir, sino se evadió en un reino imaginario donde no obstante, el ostracismo del otro, la competencia desleal y las intrigas contra los más desfavorecidos, tuvieron un lugar privilegiado. “La manera de unir a la gente es enfrentándola a un enemigo realmente bueno”, pronostica el Mago; como visión de una contemporaneidad dentro de la cual los autoritarismos van en ascenso, acorralando a los individuos para someterlos a sus designios. Cynthia Erivo (nominada como mejor actriz) en el papel de Wicked Witch of the West y Ariana Grande (nominada como mejor actriz de reparto) representando a Glinda the Good, mantuvieron la agilidad de la trama del film, y también de la ceremonia de los Oscars con su brillante actuación, espejeando la energía de la película.

“A Complete Unknown”, biografía musical de Bob Dylan, basada en el libro de Elijah Wald “Dylan Goes Electric”, obtuvo ocho nominaciones, incluyendo mejor dirección para Mangold y mejor actor para Timothée Chalamet. Centrando el período 1961-1965, cuando Dylan se dio a conocer y empezó a hacerse famoso, la película creó una intensa intimidad con el espectador, transformándolo en voyeur dentro de la cotidianeidad del artista. La excelente actuación de Chalamet, quien logró captar el peculiar tono de voz de Dylan, así como sus gestos y manierismos, devolvió a la audiencia a una década donde muchos avances se obtuvieron para los grupos más desfavorecidos; lo cual no se consiguió sin contiendas y sacrificios que, dada la coyuntura actual, se hace necesario rescatar. Los Oscars de este año nos devolvieron a ese estado de emergencia, no solo de Estados Unidos sino del mundo en su totalidad. La lucha continúa.

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